elegía para lo cursi y moribundo

i. 

una procesión: el hámster de mi mamá murió. siempre le dije que era tonto comprar un hámster. se pierden y mueren y no son suficientemente grandes para ser buenas mascotas. no puedes abrazar un hámster, no los puedes amar. nadie recuerda los nombres de los hámsters. aún así, pinté una caja de cajeta y le hice una lápida para el patio. 

una memoría: mi segunda casa. nunca entendí el popurrí pero siempre estaba en nuestro baño de abajo. la tortuga atrás me recuerda al libro con la tortuga enjoyada. nuestra tortuga no está enjoyada. nuestra tortuga es vieja y estará muerta mañana. 

un sueño recurrente: oscuridad tan coqueta, me siento mareada. quizás todos se estén confundiendo ahora. no es la misma. no es la misma. no es la misma. la espina rueda como una marioneta de madera y pollitos azules. 

ii. 

mi vecina que ya no es mi vecina es policía. pega a sus niños y se viste en telas que se rompen contra su piel aceitosa y podrida. tenía una tiendita con dulces y tortillas y fabuloso pero nunca la abría. desde el techo podía ver sus calzones y bikinis. ‘sin vergüenza.’ ese era su nombre. en la boda de mi madrina se 

emborrachó. el caballo dorado no tenía la fuerza de soportar sus tacones y se cayó en mil pedazos. su nombre era pureza y castidad y putez, cabello rizado y cejas manchadas. chicle de plátano. hubo un golpe y la arrastraron por las calles y le jalaron las botas y pelo shakira. 

mi vecina que ya no es mi vecina ya no es mi vecina y nunca he visto a mis nuevos vecinos pero se roban las motos de los pobres y mi abuelita ya no me deja sentar en la banqueta afuera. no trato de ver por el techo. no trato de comprar galletas ni huevitos o coca cola para mi abuelo. oí golpes e imaginé sangre como tamarindo pegajoso. sangre como en las películas. sangre alquitrán. sangre trigueña. sangre mendiga. imaginé montañas blancas y carabinas como botones nuevos. mi vecino al pacino. 

iii. 

en tu casa de mazapán me das telarañas de plástico y cebollitas y vidrio dulce. odio la mostaza pero amo el chocolate y bolillo. lo sabes, ¿no? quiero que me cautericen completamente, quiero que me quiten los pies y lo rosita en mi estómago. amo tu piel y tus dientes abandonados. filósofa panadera y piernas

columpieras. cuando me dijeron que moriste, pensé en tu hígado, gordo como una chuleta cruda, como un recién nacido. ¿viste el espectro que cruzó la calle o te distrajo el olor a orina de perro callejero?


Daniela Benitez is a third year student at Bennington College studying literature and writing. She grew up in South Dakota and her family is from Mexico. Her work primarily focuses on the whimsical, miniature, and familial.

Though this poem was originally an exercise in creacionismo and a way to develop alternative perceptions of reality, it has developed into something extremely intimate and close to my own realities and ways of processing life. “elegía para lo cursi y moribundo” is a slanting of memories from my childhood and of time spent in my family’s pueblo in Michoacán, México. I found there was more melody in the vocabulary of these memories in Spanish than there was in English and decided to follow these webs to see where they could take me. It is for these reasons I did not choose to translate it to English quite yet and chose, instead, to allow the language to exist as a connection to these very Mexican memories. I will, however, endeavor to translate the title which serves as a guide or map for the poem. Cursi is a difficult word to translate into English in a way that feels true to the word’s essence. Cursi is corny or ostentatious, perhaps overly sentimental. Moribundo is ‘dying’ but more accurately, deathbound—moribund. I suppose, then, this is “elegy for the corny and moribund.”

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