¿Y tu quien eres?

¿Qué es La Novela de la Tierra? Parece ser un título elegante al que uno se aferra para no tener que aceptar que es un extranjero en su propia tierra. A nadie le gusta sentirse como un extraño en su propio hogar, así que en vez de turistas nos llamamos visitantes, exploradores, etc.; como si hubiera una diferencia. ¿Cuánto tiempo hace que has visto tu país? El simple hecho de volver a tu país no cambia mucho, hasta allí te sientes como extranjero pues todo ha cambiado. ¿Entonces qué hago ahora? No quiero aceptar que ya no reconozco el lugar que llamaba hogar pero no hay manera de esconder que no sé nada de aquel sitio. Prefiero decirle a la gente que estoy explorando, no turisteando. “Soy mexicana,” digo al presentarme con todo el mundo. “Soy ,” respondo cuando quieren que diga la verdad. 

– ¿Por qué dices que eres mexicana? ¿Qué es lo que te hace mexicana?- me cuestionan. Pues, la única prueba de que no soy mexicana es un papel que dice que no he nacido allí. Pero en México está mi vida; de México me crié. ¿Cómo no diré que México es mi tierra? 

Para citar a Rómulo Gallegos, “Días después, Doña Asunción abandonaba definitivamente el Llano para trasladarse a Caracas con Santos, único superviviente de la hecatombe. Quería salvarlo educándose en otro medio, a centenares de leguas de aquellos 

trágicos sitios”(11). Tuve que abandonar mi tierra querida a los ocho años de edad. De un día para el otro dejamos todo y nos fuimos a Estados Unidos con mis abuelos. No estaba tan mal, pues los quería mucho y en ese tiempo todavía no entendía lo que estaba pasando. Para mí, estábamos visitando a mis abuelos para la Navidad solo ocho meses más temprano de lo usual. Le dije adiós a mis amigos de la primaria y a mi papá, pero eso siempre lo hacía antes de irme a San Antonio. Llevo 10 años visitando a mis abuelos para la Navidad.

“Los primeros años fueron tiempo perdido en la vida del joven. La brusca trasplantación del medio llanero, rudo, pero lleno de intensas emociones endurecedoras del carácter, al blando y soporoso ambiente ciudadano… produjo un singular adormecimiento de las facultades. El muchacho animoso, de inteligencia despierta y corazón ardiente…se volvió obtuso y abúlico, se convirtió en un misántropo” (11). México no es nada parecido a Estados Unidos. Primero, el idioma. Me tomó años perfeccionar el inglés y todavía tengo un acento que insiste en quedarse como Juan por su casa. Las escuelas, qué diferencia vi en este lugar donde era forzada a atender. Todos los niños sucios, usando lo que quieran, flojos y sin hacer nada. Me acuerdo que en mi primaria siempre usaba uniforme, siempre estabas bien bañadito y corriendo por toda la escuela. Los pasillos estaban hechos de tierra y las puertas se dejaban abiertas para dejar entrar el aire. Cuando llegué a “Yunaited Estates” sólo veía la tierra 3 veces al día; al entrar a la escuela, al salir de la escuela, y cuando salía a jugar con mi hermano en la calle. Vino y pasó la Navidad y todavía estaba de visitas con mis abuelos. Parecía que ya no volvería a mi tierra querida y a mi vida de antes. 

Sin embargo, sin querer, y sin darme cuenta, me fui acostumbrando a esto que veía. “Pero al fin la ciudad conquistó el alma cimarrona de Santos Luzardo. Vuelto en sí del embrujamiento de las nostalgias, se encontró con que ya tenía más de dieciocho años…”(12). Aquí andamos. Ya no puedo seguir soñando que un día esta visita terminará. Hace 3 años mi hermano y yo fuimos a visitar a mi papá en México. Creí estar preparada para la visita, pero al parecer no. Salí de la farmacia y por accidente le dije “Thank you” a la cajera. Qué oso… es lo que te pasa por bien educada. Mi papá decidió llevarnos a Monterrey. Era un lugar hermoso, lleno de montañas y cubierto de árboles por todos lados. Nos paseamos por toda la ciudad. Mi lugar favorito fue el

mercado; por ambos lados de la calle había gente vendiendo su mercancía: zapatos, ropa, fidget spinners, y mucho más. Me sentía en casa pero sabía que este ya no era mi hogar. Pasaron unos años y luego mi mamá me dijo algo que me asombró y rompió mi corazón. En ese tiempo tenía el pelo azul, entonces pensé que esa era la razón por la cual estaba llamando la atención de otros. Me equivoqué. Parece que al pasear por Monterrey éramos el centro de atención. 

– Su forma de hablar y comportarse era diferente, – decía mi papá. – Son muy grandes, pa’rriba y pa’bajo y por todos lados, su grandeza atraía la atención de todos esos chaparros por los que pasaban.- Al parecer, sí hay una cultura americana de la que no se conoce mucho en México, los buenos modales. “Please, thank you, and you’re welcome go a long way”, pues sí pero no me regresan a mi tierra. Por lo menos ya sabía en aquel entonces que sería difícil que México me reconociera, ya habían pasado más de cinco años y muchas cosas habían cambiado. 

Igual que Luzardo, me quedé entre los dos lugares. “La tierra natal ya no lo atraía… Al perder los sentimientos regionales había perdido también todo sentimiento de patria. La vida de la ciudad y los hábitos intelectuales habían barrido de su espíritu las tendencias hacia la vida libre y bárbara del hato; pero, al mismo tiempo, habían originado una aspiración que aquella misma ciudad no podía satisfacer plenamente” (12). Todavía la extraño a pesar de que no es igual de cómo la recuerdo. Cuando llegó la hora de elegir un colegio al que asistir decidí inscribirme en un colegio mexicano. Iba a ser más barato, podría vivir con mi papá, y podría regresar a mi país. Pero mientras más lo contemplaba entendí que no sería posible, pues mi español es diferente al de los estudiantes de allí. Tendría que volver a aprender tantas cosas que era más fácil atender un colegio lleno de gringos que uno mexicano. Pero no me olvidaré de México. Voy a seguir esperando que se acabe esta visita. Soy mexicana y pronto regresaré a casa.

De la sierra morena, Cielito lindo, vienen bajando 

Un par de ojitos negros, Cielito lindo, de contrabando 

Ay, ay, ay, ay 

Canta y no llores porque cantando se alegran 

Cielito lindo, los corazones 

1 Gallegos, Rómulo, and Robert Malloy. Doña Barbara. New York: Peter Smith, 1948. Print.


In Hazel’s first semester in Bennington she read a book in Spanish class where the main character had felt lost and confused because he didn’t fit in with his native people nor did he fit in with the city folk. She wrote this essay relating to my own struggles when she moved to the US from Mexico at a young age. 

In the essay she used direct quotes from the book at the beginning of my paragraphs. These quotes are then followed by my journey and feelings towards the move my family and she had to go through. One of the biggest themes would be homesickness and identity. She could say that she would feel homesick in both countries and for both countries; and at the same time, she was dealing with an identity crisis of who she was and where she really belonged. 

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

css.php